Andrés Manuel López Obrador gana la presidencia de México en su tercer intento: "No les voy a fallar"

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Andrés Manuel López Obrador gana la presidencia de México en su tercer intento: "No les voy a fallar"

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El candidato izquierdista obtuvo el 53% de los votos, seguido del aspirante del PAN, Ricardo Anaya, con 22%, según el conteo rápido del INE. El gran derrotado fue el oficialista José Antonio Meade del PRI (16%) que absorbió el voto castigo contra el presidente Peña Nieto.

Al tercer intento lo logró. Andrés Manuel López Obrador es el ganador de las elecciones presidenciales celebradas este domingo en México, de acuerdo a los resultados del conteo rápido emitidos por el Instituto Nacional Electoral (INE). "Agradezco a todos los que votaron por nosotros y nos han dado su confianza para atravesar este proceso de cambio verdadero", dijo López Obrador al llegar al Hotel Hilton Reforma, donde lo esperaban sus seguidores para celebrar la victoria.

López Obrador obtuvo el 53% de los votos, según los resultados preliminares, como candidato de la alianza 'Juntos haremos historia', que integran el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el Partido del Trabajo y el Partido Encuentro Social (PES).

En su primer discurso como presidente electo llamó "a todos los mexicanos a la reconciliación y a poner por encima de los intereses personales –por legítimos que sean– el interés superior, el interés general".

 
Y a la vez, envió este mensaje a quienes le adversan y temen que su triunfo desemboque en un régimen autoritario: "El nuevo proyecto de nación buscará establecer una auténtica democracia. No apostamos a una dictadura, abierta o encubierta. Los cambios serán profundos, pero se darán con apego al orden legal establecido. Habrá libertad empresarial, libertad de expresión, de asociación y de creencias. Se garantizarán todas las libertades individuales y sociales, así como los derechos ciudadanos y políticos consagrados en nuestra Constitución".
Momentos después se dirigió al Zócalo de la Ciudad de México, donde miles de ' amlovers' le esperaban. A ellos les prometió: "No les voy a fallar. No los voy a decepcionar. Quiero pasar a la historia como un buen presidente de México".

López Obrador también se comprometió ante sus seguidores a conducir una transición en paz. "Nos vamos a poner de acuerdo para que el país siga en marcha, sin crisis de ninguna índole", dijo, y anunció que el próximo martes se reunirá con el presidente Enrique Peña Nieto en el Palacio Nacional.

El triunfo de este domingo sella 12 años de campaña: la de 2018 era su tercera candidatura presidencial consecutiva y esta vez las encuestas lo daban como ganador desde el inicio de la precampaña, en noviembre pasado.

Mucho antes de que las autoridades electorales hicieran el anuncio, los tres adversarios de López Obrador reconocieron su triunfo y sus seguidores comenzaron a celebrar.

Con 22% de los votos, el segundo lugar fue para Ricardo Anaya de la coalición 'Por México al frente', que reúne al Partido Acción Nacional (PAN), al Partido de la Revolución Democrática (PRD) y al Movimiento Ciudadano (MC). Anaya no logró vender la idea del “voto útil” para evitar a toda costa la llegada al poder de la izquierda que representa López Obrador.

El gran perdedor de la jornada fue el oficialismo, representado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI): su candidato, José Antonio Meade, solo sumó 16% sufragios y cargó con el castigo a los escándalos de corrupción y la violencia desatada en el mandato de Enrique Peña Nieto.

El gobernador de Nuevo León con licencia y único candidato independiente que participó en la contienda, Jaime Rodríguez Calderón ‘El Bronco’, apenas obtuvo el 5.3% de los sufragios, según el conteo rápido.

Meade fue el primer candidato en admitir la victoria de López Obrador, horas antes de que las autoridades electorales hicieran el anuncio oficial. “Con responsabilidad reconozco que las tendencias del voto no nos favorecen. (...) En este momento habré de reconocer que de acuerdo a las tendencias, fue Andrés Manuel López Obrador quien obtuvo la mayoría”, dijo Meade, pasadas las 8:00 de la noche locales.

Luego lo hizo Anaya, con estas palabras: "La información de los resultados con la que cuento, me indica que la tendencia favorece a Andrés Manuel López Obrador. Como ya lo hice vía telefónica hace unos minutos que hablé con él, reconozco su triunfo, le expreso mi felicitación y le deseo el mayor de los éxitos por el bien de México".

A la tercera, la vencida

AMLO fue candidato presidencial en las elecciones de 2006 y 2012, que ganaron Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, respectivamente. Antes, fue jefe de gobierno de la Ciudad de México, entre 2000 y 2006.

Sus seguidores lo consideran un hombre honesto; una cualidad, si no suficiente, al menos necesaria para creerle que enfrentará la corrupción como lo ha prometido. Mientras, sus detractores ven en él a un mesías que amenaza el frágil equilibrio de la democracia, administrada hasta ahora por dos partidos, el PRI (1929-2000, 2012-2018) y el PAN (2000-2012), y sacudida por una violencia de más de 234,000 muertos en la última década.

López Obrador dice estar llamado a encabezar la cuarta transformación en la historia republicana de México, después de la Independencia (1810), la Reforma (1854) y la Revolución (1910). Desde su primera campaña, en 2006, ha vendido la idea de que en México es necesario hacer “revolución de conciencias” para desterrar del poder a una mafia que convirtió al gobierno en una “fábrica de ricos”. Y que solo con lograr ese cometido, acabar con la corrupción, se resolverán en cascada hasta los más graves problemas del país: la desigualdad tremenda, la violencia criminal, la pobreza y hasta la relación de México con sus vecinos.

Con un cabildeo de uno a uno más persuasivo, AMLO logró esta vez sumar nuevos aliados a su proyecto fuera del espectro de la izquierda que tradicionalmente le ha apoyado, unos polémicos y otros inesperados. Desde los evangélicos del Partido Encuentro Social (PES) —que junto al Partido del Trabajo y el Movimiento de Regeneración Nacional conforman la coalición ‘Juntos haremos historia’— hasta figuras que se volvieron claves en su campaña, como el empresario Alfonso Romo, su actual coordinador general del Proyecto de Nación e interlocutor con el sector privado, que en el pasado trabajó con el PAN para lo contrario, para evitar a toda costa que López llegará a presidente.

Votaciones en calma tras una campaña violenta

La campaña más violenta en la historia de México desembocó, sin embargo, en unas votaciones en calma. Los mexicanos acudieron masivamente a las urnas sin inconvenientes graves, más que el retraso en la instalación de algunos centros de votación y la escasez de boletas en las casillas especiales, donde cientos de personas se quedaron sin sufragar.

Estos comicios son considerados los más grandes y costosos que se hayan realizado en México por la cantidad de cargos que se renovaron al mismo tiempo. En total, estaban en disputa 3,406 cargos públicos en todo el país: un nuevo presidente, 500 diputados, 128 senadores, un jefe de gobierno para la Ciudad de México, ocho gobernadores para el mismo número de estados, además de congresos locales, ayuntamientos y concejales.

Los estados que eligieron nuevo gobernador son Jalisco, Guanajuato, Puebla, Morelos, Tabasco, Chiapas y Yucatán. En al menos cuatro de ellos, los resultados preliminares favorecen a Morena, el partido de López Obrador. También en la jefatura de gobierno de la Ciudad de México se impuso la candidata de Morena, Claudia Sheinbaum, la primera mujer en ocupar este cargo.

Los centros de votación que no tenían electores formados cerraron sus puertas a las 6:00 de la tarde, hora local. En la Ciudad de México se observaban largas filas frente a las casillas desde muy temprano. En una de ellas, ubicada en la colonia Nonualco, Érica Chong le agradecía la asistencia a cada uno como si atendieran a una fiesta en la sala de su casa: "Pásele, qué bueno que vino", "Bienvenido", "Gracias por estar aquí".

Chong se dedica a promover la lectura entre niños pequeños, les lee cuentos, y es la segunda vez consecutiva que el Instituto Nacional Electoral la escoge para trabajar en una casilla electoral.

“Veo ahora muchísima más afluencia. Me da mucho gusto que la gente se tome el tiempo de venir y preocuparse por el futuro del país, que la gente esté viniendo a votar de manera libre y con muchos ánimos. Ha venido gente joven, adulta, en silla de ruedas, con bastón, jóvenes que por primera vez están votando. Es una elección muy concurrida y muy nutrida y vamos a esperar que me México gane”, dijo Chong.

En su centro de votación, cerca de la mitad de los inscritos ya habían participado antes de las 2:00 de la tarde: de las 724 boletas que tenían asignadas, a esa hora ya habían repartido 329. Mónica, una estudiante de 19 años, hizo el ejercicio de anotar en un cuaderno cuántas personas habían votado cada hora. Solo notó que entre las 9:00 y las 11:00 hubo una caída en la afluencia: “Es porque hubo partido del mundial”, se respondía ella misma.

Escasez de boletas en las casillas especiales

Las casillas especiales, a las que acuden los electores que no votan en su domicilio, también estaban repletas de gente ansiosa por entrar y frustrada por no poder hacerlo que gritaba “Queremos votar”. Solo hay 1,154 casillas como estas repartidas en todo el país y por ley, cada una cuenta con solo 750 boletas por elección.

En la biblioteca Vasconcelos de la colonia Buena Vista funcionaban dos casillas de estas. Al mediodía ya se habían agotado las boletas que el INE les asignó y el edificio seguía rodeado de cientos de personas esperando.

 

“La gente está preguntando si es posible que puedan traer boletas de otras casillas porque, formadas, hay alrededor de unas 3,000 personas, más o menos. Está siendo un problema grande y queremos saber si podemos votar”, dijo Edith Medina, una artista de 38 que vive en las afueras de la Ciudad de México.

El retraso en la instalación de las mesas también fue un obstáculo. En estados como Jalisco, el 100% de las mesas fueron instaladas después del mediodía. En muchos de los casos, la tardanza se debió a que los electores convocados para trabajar como funcionarios de mesa no llegaron a tiempo o no asistieron.